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Los robots pueden hacer el trabajo. Por qué la mayoría aún no compite con el coste humano

Un robot capaz de realizar una tarea y un robot que un empleador puede permitirse utilizar son dos cosas distintas. Esa diferencia, más que cualquier demostración, decide cómo cambiarán los empleos físicos.

Equipo editorial de hilighter•Publicado •10 min de lectura

Un robot agrícola autónomo cubierto de barro, aparcado en el taller de una granja junto a herramientas y un cuaderno abierto, con hileras de cultivo al amanecer al fondo
Ilustración generada por IA: el robot del campo sigue dependiendo del taller que tiene detrás.

Un robot puede recorrer una hilera de cultivo, mover cajas o soldar metal. Eso no significa que pueda sustituir a las personas que hacen esos trabajos a un coste que un empleador esté dispuesto a asumir. Para una pequeña empresa que decide qué automatizar, la diferencia entre «puede hacerlo» y «merece la pena hacerlo» no es un detalle técnico. Es la decisión.

Un estudio publicado por Anthropic el 30 de septiembre de 2026 pone cifras a esa diferencia. Sus autores estiman que los robots actuales pueden hacer el 74 % del trabajo físico en determinadas circunstancias. Sin embargo, su modelo de costes concluye que los robots son más baratos que las personas en solo el 0,3 % de todo el trabajo.1 Las dos cifras responden a preguntas distintas, y ninguna significa que tres cuartas partes de los trabajadores manuales estén a punto de perder su empleo.

Nuestra tesis en este artículo: en el trabajo físico, el ritmo del cambio lo marcan el entorno de trabajo, el coste total de funcionamiento y las personas que se necesitan alrededor de la máquina, mucho más que lo que un robot pueda mostrar en una demostración.

Dónde funcionan los robots: el entorno forma parte de la tecnología

Los investigadores de Anthropic utilizaron la base de datos estadounidense O*NET, con unas 19.000 tareas laborales de unas 900 ocupaciones, y valoraron si un robot puede realizar cada tarea en tres tipos de entorno:1

Entorno Ejemplo que da el estudio Qué significa en la práctica
Entorno robótico diseñado a medida Una cadena de montaje de una fábrica El espacio está diseñado en torno a la máquina
Instalación de trabajo humano estructurada Un almacén logístico Organizado, pero pensado para personas
Entorno no estructurado Una calle de una ciudad Condiciones imprevisibles, obstáculos, variabilidad

La cifra del 74 % considera que una tarea es «realizable por un robot» si puede hacerse en cualquiera de los tres. Es una definición amplia, y los autores la eligieron deliberadamente. El panorama cambia cuando se observa el entorno más difícil: según el estudio, los robots actuales realizan solo el 2 % de las tareas físicas en entornos no estructurados.1

Así pues, gran parte de la capacidad de los robots depende de espacios que se han adaptado al robot. Un gran centro de distribución puede reorganizarse en torno a palés estándar, rutas fijas y un equipo de mantenimiento propio. Un mayorista familiar con existencias variadas, pasillos estrechos y personal que circula por ellos no puede dar por hecho que una máquina que funciona en el primer entorno se comportará igual en el segundo.

La prueba del coste cambia la historia

La capacidad es el punto de partida de un plan de negocio, no su conclusión. Hay que comprar o alquilar la máquina e instalarla. A menudo hay que modificar el edificio y el flujo de trabajo. Después vienen la electricidad, el mantenimiento, los tiempos de inactividad y las personas que gestionan las excepciones, resuelven las averías y siguen siendo responsables de la seguridad.

Los propios ejemplos del estudio muestran lo estrechos que pueden ser los márgenes:1

  • Empaquetadores y embaladores: se estima que los robots necesarios cuestan más de 2 millones de dólares entre compra e instalación, y que sustituyen el trabajo anual de unos 14 trabajadores. Repartiendo los costes de capital y de funcionamiento a lo largo de un año, el resultado es de unos 45.000 dólares por trabajador sustituido, frente a unos 49.000 dólares por trabajador. Un margen pequeño, que no demuestra que la automatización sea inevitable.
  • Soldadores: los robots pueden realizar operaciones de soldadura, pero los soldadores también colocan piezas pesadas, llegan a ángulos difíciles, esmerilan superficies y revisan su trabajo. Automatizar ese conjunto más amplio de tareas requeriría robots que, en total, costarían unas cinco veces más que los soldadores humanos.

Ambos son modelos de costes estadounidenses para ocupaciones estadounidenses, no presupuestos de proveedores, y no se pueden trasladar directamente a una pequeña empresa europea con otros salarios, otros precios de la energía y otros volúmenes. Su valor está en el método: ahorrar tiempo en la tarea más visible no es lo mismo que ahorrar dinero en el conjunto del puesto.

El estudio también mira hacia el futuro, con una condición importante. Los precios de los robots han bajado aproximadamente un 3 % al año desde los años noventa; si esa tendencia simplemente continuara, los autores estiman que harían falta unos 40 años para que los robots fueran competitivos en costes en el 10 % del trabajo.1 Es un escenario, no una previsión. Un hardware más barato, una IA mejor o el aumento de los salarios o de los costes energéticos podrían cambiar el ritmo.

El coste tampoco es el único freno. Los autores estiman que las preferencias de las personas frenan a los robots en aproximadamente una cuarta parte de las tareas, y que la normativa actual no permitiría a los robots realizar el 14 % de las tareas físicas.1 En los cuidados, la sanidad y los servicios comunitarios, la gente suele preferir a una persona, y esa preferencia tiene un valor que una comparación de costes laborales no recoge.

Lo que enseña un ensayo agrícola sobre el trabajo alrededor del robot

Los datos de campo ayudan a contrastar la teoría. En un artículo publicado en mayo de 2026 en la revista Precision Agriculture, unos investigadores registraron el tiempo de trabajo humano necesario para llevar a cabo ensayos de cultivo en franjas en el sur de Alemania entre 2022 y 2024, comparando tractores con un robot agrícola comercial, el AgXeed AgBot 5.115T2, en la preparación del suelo, la siembra y la escarda.2

El robot hizo el trabajo de campo, pero seguía necesitando personas: había que configurar una misión distinta para cada franja, transportar la máquina por carretera hasta el campo y de vuelta, ajustar su configuración, y los incidentes exigían atención humana. Los autores concluyeron que, en este contexto, los tractores pueden gestionar actualmente un sistema de cultivo en franjas de forma más eficiente que los robots. También modelizaron escenarios en los que un progreso técnico modesto acercaría el tiempo humano que requiere el robot al que requiere el tractor.2

Se trata de un único contexto de investigación, con su propia disposición y sus propias limitaciones, y no demuestra que los robots agrícolas fracasen comercialmente. Otros trabajos son más alentadores: un artículo de 2026 publicado en Smart Agricultural Technology describe un robot de pulverización de malas hierbas construido por unos 6.000 dólares que obtuvo buenos resultados en ensayos de campo con maíz y soja en Dakota del Norte, con una reducción estimada (no medida) de herbicida de alrededor del 83 %.3 Pero un buen resultado en un ensayo todavía no es una rentabilidad demostrada en una explotación corriente.

Para la planificación de plantillas, la lección es que la autonomía desplaza el trabajo más de lo que lo elimina. El trabajo pasa de realizar la tarea a preparar la máquina, supervisarla, resolver las paradas y comprobar los resultados. Que eso se convierta en un puesto nuevo, en un servicio externalizado o en tareas adicionales para alguien que ya va al límite depende de la organización.

Lo que los responsables deberían medir realmente

Para un almacén, una empresa de servicios, una organización sin ánimo de lucro o un pequeño fabricante, «¿Qué empleos están a salvo de los robots?» no es la primera pregunta adecuada. Una más útil es: ¿qué tarea concreta genera problemas recurrentes de coste, calidad, seguridad o capacidad, y podría la tecnología mejorar todo el proceso que la rodea?

  1. Mapea todo el flujo de trabajo, incluidas las partes incómodas. Registra con qué frecuencia se realiza la tarea, cuánto varía, el entorno físico y cuánto criterio exige. Una máquina puede hacer bien el paso principal y aun así necesitar ayuda en el primer o el último metro del trabajo.
  2. Compara los costes totales de funcionamiento durante un periodo realista. Equipos, software, instalación, mantenimiento, seguros, formación, tiempos de inactividad, supervisión y trabajo de seguridad o cumplimiento normativo. Las demostraciones de los proveedores muestran capacidad; no prueban una ganancia neta.
  3. Identifica las competencias que cambiarían. Si un robot asume la manipulación repetitiva, alguien tiene que vigilar su producción, resolver los atascos y ajustar los procedimientos. No des por hecho que esto se convertirá por sí solo en atractivos puestos de «supervisor de robots». Sin una formación y una dotación de personal deliberadas, estas tareas suelen añadirse a un puesto que ya está lleno.
  4. Haz una prueba piloto antes de comprometerte. Algunas de las mejores mejoras vendrán de cambios corrientes en los procesos o de herramientas digitales y no de la robótica, y algunos problemas no necesitan ninguna tecnología nueva.

La oportunidad no es un robot humanoide

A medida que los robots ganen capacidad, podrían hacer automatizables más tareas físicas y generar demanda de trabajos de integración, mantenimiento, asistencia técnica sobre el terreno, control de calidad y seguridad. Son direcciones plausibles, no ganancias netas de empleo garantizadas: los estudios disponibles no nos dicen cuántos empleos se acabarán creando o perdiendo.

Lo que sí nos dan los nuevos datos es una pregunta mejor. Un puesto no queda automatizado el día en que un robot demuestra que puede hacer una de sus tareas. El cambio empieza cuando una organización real puede hacer funcionar el sistema de forma fiable, a un coste razonable y sin rebajar la calidad de su trabajo. Hasta entonces, la distancia entre «puede hacerlo» y «merece la pena hacerlo» es donde se decidirá buena parte del futuro del trabajo físico. La misma lógica se aplica al trabajo de oficina y a los agentes de IA, como explicamos en qué empleos y tareas cambiarán primero con los agentes de IA.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto trabajo físico pueden hacer hoy los robots?

El estudio de Anthropic de septiembre de 2026 estima que los robots pueden hacer el 74 % del trabajo físico en Estados Unidos en determinadas circunstancias, contando los entornos diseñados a medida, los estructurados y los no estructurados. En los entornos no estructurados, la cifra baja al 2 % de las tareas físicas.

¿Son los robots más baratos que los trabajadores humanos?

Pocas veces, por ahora. El mismo estudio concluye que los robots son competitivos en costes en aproximadamente el 0,3 % de todo el trabajo, una vez incluidos los costes de compra, instalación y funcionamiento. Existen casos concretos, como algunas tareas de empaquetado, pero los márgenes son pequeños.

¿Sustituirán los robots a los empleos físicos?

Los datos apuntan a un cambio lento y desigual, determinado por el coste, el entorno, la normativa y las preferencias de las personas. Allí donde se implantan robots, el trabajo tiende a desplazarse hacia la puesta en marcha, la supervisión, el mantenimiento y el control de calidad en lugar de desaparecer.

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Fuentes

  1. R. Legate-Yang y M. Massenkoff, Anthropic, What work can robots do?, 30 de septiembre de 2026. Análisis de Estados Unidos basado en los datos de tareas de O*NET; las estimaciones de costes son modelos de los autores.
  2. O. Spykman, J. Lowenberg-DeBoer y M. Gandorfer, Crop robots as potential enablers of economical and biodiversity-smart small-scale farming, Precision Agriculture, vol. 27, artículo 80, 22 de mayo de 2026.
  3. A low-cost edge-based robotic platform for real-time site-specific weed spraying in row crops, Smart Agricultural Technology, 2026. Reducción de herbicida estimada analíticamente.

Última revisión de las fuentes: 18 de octubre de 2026.